Una nueva investigación, publicada en el último número de la revista científica Gut refleja que el consumo elevado de carne roja se relaciona con un riesgo más elevado de desarrollar una inflamación intestinal conocida como diverticulitis. Los divertículos son pequeños,abultados sacos o bolsas que se forman en la pared interna del intestino. La diverticulitis ocurre cuando estas bolsas se inflaman o infectan.

Los epidemiólogos alertan de que esta condición está creciendo entre la población más joven y un 4 por ciento de los afectados desarrollarán a largo plazo complicaciones, como la perforación de la pared intestinal, abscesos o fístulas.

A pesar de su prevalencia no se conoce mucho acerca de esta enfermedad y se la ha relacionado con el tabaquismo, el uso de antiinflamatorios no esteroideos, la inactividad física o la obesidad. De entre los factores relacionados con la dieta, sólo un insuficiente aporte de fibra ha sido estudiado con algo de detalle, así que un grupo de investigadores ha analizado la influencia del consumo de carne roja, pollería y pescado en las posibilidades de desarrollar diverticulitis en una población de 46.500 personas a lo largo de casi un cuarto de siglo de seguimiento. De la muestra, un total de 764 hombres sufrieron diverticulitis.

Se les preguntó periódicamente por sus hábitos alimentarios y la tendencia es a que los que consumían más carne roja, también solían fumar más, tomaban más medicamentos antiinflamatorios y eran más sedentarios. Además, tocaban menos fibra. Todo lo contrario ocurría en los grupos donde predominaba el consumo de pollo o pescado. Pero incluso teniendo en cuenta la influencia de esos factores externos, la conclusión a la que llegan los investigadores es que la ingestión de carne roja se relaciona con un mayor riesgo de sufrir diverticulitis. Comparados con los que registraban menores niveles de consumo de carne roja, los que más abusan de la carne roja –seis veces por semana- tienen un 58 por ciento más de riesgo de desarrollar esta dolencia.

La relación fue incluso más fuerte cuando se trata de carne procesada y cuando se sustituye una porción de estos productos –embutidos por ejemplo- por pollo o pescado el riesgo se reduce en un 20 por ciento.

Harán falta nuevas investigaciones para explicar por qué ese aumento del riegso entre los consumidores de carne roja, pero el artículo científico menciona algunas hipótesis como la presencia de la proteína C reactiva y la ferritina o una alteración de la microbiota del aparato digestivo.

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