“No debemos olvidar que durante 10.000 años, el ser humano ha sido omnívoro y la carne, en la cantidad apropiada, es parte de la Dieta Mediterránea”, explica Elisabetta Bernardi, nutricionista de la Universidad de Bari (Italia), que ha participado en la I Conferencia Mundial sobre la Dieta Mediterránea que ha tenido lugar en Milán. “Sus nutrientes esenciales y componentes bioactivos son particularmente importantes en algunas etapas de la vida, durante la gestación y la infancia, para garantizar el desarrollo cognitivo y el crecimiento, Pero también es valiosa para aquellos que practican deporte o las personas mayores, ya que es una excepcional fuente de proteínas, lo que contribuye a preservar los músculos”.

La cita científica, que ha reunido a una treintena de especialistas en la materia, ha dado lugar al diseño de una nueva pirámide nutricional basa en la dieta mediterránea y que, como novedad, introduce la variable del impacto medio ambiental de la producción de alimentos. Así, la nueva pirámide no sólo tiene en cuenta la proporción de alimentos para una correcta nutrición humana a nivel del individuo, sino que conjuga con el bienestar de las poblaciones de todo el mundo y el propio planeta que habitamos.

“Esta nueva pirámide que proponemos está basada en el acuerdo científico de muchos expertos y se basa en la revisión de toda la evidencia científica en los campos de la salud y la nutrición que ha sido recogida en revistas científicas en las últimas décadas”, ha asegurado Lluis Serra-Majem, presidente de la Fundación Internacional de la Dieta Mediterránea, que ha organizado la Conferencia.

Carne “blanca” del cerdo
El congreso también sirvió para rescatar la eterna polémica sobre si la carne de cerdo debe ser considerada roja –como sostiene la Organización Mundial de la Salud- o blanca como la de las aves y el conejo. La patronal del cerdo de capa blanca insiste –y llevó a especialistas de nivel que así lo refrendan- que algunas partes del puerco, como la cinta de lomo son muy magras y la poca grasa que tienen puede ser retirada con facilidad.

En declaraciones a Diario Médico, Dolores Corella, catedrática de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, apostó por revisar los criterios empleados a la hora de realizar estudios científicos sobre consumo de carne para intentar segmentar las investigaciones según el tipo de carne –y no preguntar simplemente al sujeto que cantidad de carne ingiere, sin especificar si es de vacuno, cordero o cerdo. Así será posible obtener conclusiones menos generales sobre los efectos en el organismo de consumir demasiada carne.

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