Nada más entrar en el impresionante casco antiguo de la Villa de Pedraza (Segovia) encontramos un asador con mucha solera, el más veterano de los muchos que pueblan este bello municipio castellano. Bodegón Manrique abrió sus puertas en 1966 y desde entonces su tradicional horno de leña no ha dejado de funcionar, generación tras generación de “Manriques”, auténticos expertos en la selección de los lechazos, el manejo de la lumbrera y el control de la temperatura del horno.

mde
El lechazo, recién salido del horno

El local es rústico y sencillo, sin artificio. Un viaje a un pasado en el que la gente necesitaba menos cosas para disfrutar de la vida. Mesas de madera con manteles de cuadros para unos ocho comensales, vigas en el techo, una gran chimenea y algunos enseres de barro y cobre colgados. Aquí desde luego uno no se come la cabeza eligiendo platos de la carta. Ya se sabe a lo que viene uno a este modesto establecimiento: a comer uno de los mejores lechazos de Segovia (con un poco de ensalada, nada más), Aquí los encargan peñas, asociaciones y particulares con un fino paladar para el producto culinario por excelencia en esta zona de Segovia, un poco más al oeste es territorio de cochinillo.

Lo pueden servir ya cortado para facilitar el trabajo al comensal
Lo pueden servir ya cortado para facilitar el trabajo al comensal

Lo sirven bien cortadito, para que se aprovechen todas las tajadas y tras décadas asando corderos el punto está tan cogido que la carne se desprende del hueso con facilidad, está en su cénit de jugosidad, empapado por su propia salsa.

Pilar y Eulogio Manrique están al frente del asador que fundara su bisabuelo, Máximo. Para ellos el secreto de un buen lechazo asado es “usar la leña justa, ni más ni menos. Es leña de fresno –no de encina, como se usa en las parrillas- que no se puede añadir sobre la marcha pues no debe haber variaciones de temperaturas. Los corderos se asan todos juntos durante tres horas y media”, explican a El carnívoro feliz.

Pese a su prestigio, en esta familia no son de esos hosteleros que deciden subir el listón de los precios al ver a los grupos haciendo cola en su puerta y con lista de espera para obtener una mesa.  El precio de la comida, incluyendo bebida y postres, puede rondar los 30 euros.

Dejar respuesta