Mientras Estados Unidos y la Unión Europea negocian el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), numerosos representantes de la sociedad civil europea han tomado las calles o han mostrado su oposición frontal al acuerdo al entender que para el Viejo Continente puede suponer un retroceso en derechos laborales, protección del medio ambiente o la preservación de la salud. Determinadas normativas y procedimientos muy controlados y regulados en Europa podrían modificarse si hay que homologarlos en cierta medida a las exigencias de la poderosa industria norteamericana.

Algunas organizaciones también plantean si la aprobación del TTIP puede influir sobre la seguridad alimentaria, las normas de producción ganadera o la calidad de la carne que consumiríamos. En algunos aspectos, la normativa comunitaria y la estadounidense son diametralmente opuestas. Por ejemplo, tal y como confirma a elcarnivorofeliz.com el profesor de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) Carlo Leifert, “en Estados Unidos el empleo de hormonas promotoras del crecimiento es muy habitual, mientras que en Europa están prohibidas en la producción ganadera”.

Efectivamente, en 1981, la Unión Europea prohibió el uso de hormonas empleadas para acelerar el crecimiento de los animales de granja. Sustancias como estradiol 17ß, testosterona, progesterona, zeranol, acetato de trenbolona o acetato de melengestrol están vetadas en todos los países miembros, así como en las importaciones de terceros países. Según informa la web de la Comisión Europea, el antiguo Comité Científico de Medidas Veterinarias relativas a la Salud Pública (SCVPH, por sus siglas en inglés) evaluó a fondo los riesgos para la salud humana de los restos de hormonas en a carne y en los productos cárnicos tratados con hormonas para promover el crecimiento de los animales. En 1999, este panel independiente de expertos concluyó que había evidencia científica suficiente que no podía establecerse ninguna cantidad diaria razonable de exposición a estas hormonas.

Para el estradiol 17ß, por ejemplo, existe evidencia de que es un agente carcinógeno, tanto de cara a la aparición de un tumor, como para su expansión. Las Autoridades europeas han optado por una línea de cautela, que no se da por ejemplo en los Estados Unidos.

Pollo con cloro

Con el pollo sucede algo parecido. Una vez sacrificado, la carne del ave recibe un baño de cloro para eliminar posibles patógenos. En Europa, por el contrario, se ha apostado por mejorar las medidas higiénico-sanitarias en las granjas para conseguir ese mismo objetivo. No está claro que haya un perjuicio claro hacia la salud humana y este baño de cloro que reciben la carne de pollo en países como Estados Unidos y que los niveles de exposición pueden no superar los máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero en lugar de la solución química, la Unión Europea apuesta por la prevención. Unas medidas que se plasman, por ejemplo, en el empleo de ropa de trabajo y calzado especial para evitar introducir bacterias en la zona de cría o sacrificio, así como otras normas relacionadas con la higiene y la limpieza de las instalaciones.

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