Marina Vieira/Santiago de Chile. Todo empieza con un mensaje por WhatsApp “¿nos juntamos hoy día? Organizo un asado en mi departamento” unas frases que definen un antes y un después en la vida de cualquier chileno. Para ellos la palabra asado –para nosotros barbacoa- significa mucho más que encender una parrilla y poner carne a la brasa. El asado es un concepto en sí mismo. En Chile, por lo general la invitación no es “te invito a cenar” sino “el jueves hacemos un asado” y es así, entre brasas, carnes de primera calidad – a veces por un tipo de ensalada de tomate que llaman pebre- y muchas risas, como celebran cualquier acontecimiento los nacionales del país andino.

La carne de más calidad se reserva para el final, como premio final para los comensales
La carne de más calidad se reserva para el final, como premio final para los comensales

El asado es un deporte nacional. Una competición familiar para demostrar qué padre de familia entiende más de carne y cuál de ellos sabe encontrarle mejor el punto. Pasear por Santiago de Chile un domingo con hambre – y sin rumbo- es una tortura, es el día estrella para que familias y amigos se junten para encender sus parrillas e impregnar la ciudad con el perfume de la delicia. Santiago los domingos huele a asado.

Aunque cualquier excusa es buena para organizar tal evento, hay ocasiones en las que es una obligación social, en determinadas fechas se convierte en una práctica tan generalizada que puede llegar a ocasionar problemas de salud pública. Así ocurrió el pasado junio cuando el equipo nacional ganó la copa América, tras el triunfo, Santiago se pasó tres días con restricción de circulación a ciertos coches por la brutal contaminación que se había generado durante esa única noche. Miles de santiaguinos saborearon la victoria nacional encendiendo sus parrillas.

Tintes competitivos

Punta de ganso asándose lentamente en un típico asado de un apartamento santiaguino
Punta de ganso asándose lentamente en un típico asado de un apartamento santiaguino

Cada trozo de carne tiene su corte y cada tipo de carne su punto. Lomo vetado, lomo liso, plateada o malaya. Carne de vacuno o de cerdo. Siempre todo a la parrilla. La forma de servirlo es sencilla, sólo basta un poco de pan – que normalmente se pone a calentar a las brasas para que esté más crujientito- un poco de sal y ganas de disfrutar. Cuando los chefs deciden que la carne está lista, parten con la pericia de la habitualidad en trozos pequeños el alimento y se los van ofreciendo a sus invitados. Con un poco de sal a en un extremo del plato pasean su trofeo entre los comensales y ellos, como si fuesen críticos especializados en el tema, comentan si su anfitrión ha conseguido encontrarle el deseado punto perfecto de cocción.

Y una recomendación para los amantes de la carne: si planean un viaje al país de la gran cordillera americana háganlo cerca del 18 de septiembre, es el día de la fiesta nacional y como era previsible se celebra con lo que mejor saben hacer los chilenos: una semana haciendo asados.

Dejar respuesta